RECORTES  DE  PRENSA

 

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UN GRAN ARTÍCULO CON UN GRAN ERROR

 

Por Pío Moa

 

   Muñoz Molina ha escrito un gran artículo sobre las raíces del terrorismo que venimos sufriendo muchos años, ahora con más brutalidad que nunca.  Una nota a destacar sobre el País Vasco: “Las madres, que en cualquier sociedad normal procuran inducir la templanza en sus hijos, en esa tierra han azuzado con frecuencia a los suyos”. Muchos somos testigos de madres y abuelas degeneradas por la basura de Sabino Arana, que mostraban impúdicamente su alegría cuando algún “español” era asesinado por los “gudaris”, normalmente por la espalda, como corresponde al valor de  esa mezcla de sabinianos y marxistas, usurpadores de la “idiosincrasia vasca”. Cuando un número considerable de madres y abuelas han llegado a tal degradación moral y han perdido cualquier rastro de aquellas cualidades femeninas que suelen frenar la barbarie, esa sociedad sufre un embrutecimiento profundo, y ha dado pasos muy largos en el mismo sentido que en otros tiempos los dio Alemania. No olvida Muñoz Molina al clero simpatizante de los asesinos, pues el clero nacionalista ha sido uno de los principales canales, si no el principal, por donde ha fluido el cieno de odio que hoy anega la conciencia de tantos vascos. 

     Ni olvida el escritor cómo la misma miseria, algo más disfrazada, algo más hipócrita,  la cultivan los nacionalistas catalanes. Cuando el PSOE se lanzaba de cabeza a la guerra civil, en 1934, Besteiro denunciaba a Largo Caballero y a Prieto: “están envenenando a los trabajadores”. Ahí está la raíz del mal, en los demagogos y envenenadores profesionales de la conciencia de los ciudadanos.  Pero la voz de Besteiro resultó muy débil, quedó ahogada por la chulería, el griterío y la violencia de sus compañeros de partido. Ahora ocurre algo similar. El envenenamiento que estamos sufriendo por parte de toda esa gente apenas tiene parangón, y la debilidad de la respuesta augura tiempos difíciles. ¡Qué fácil es echar por tierra, en muy poco tiempo, el fruto de largos años de esfuerzos constructivos! La gente no acaba de creérselo, casi nadie acaba de creérselo hasta que la tragedia llega.

    Muñoz Molina ve muy claras las cosas en la actualidad, percibe el sectarismo y la miseria moral reinantes en amplios medios de opinión, pero, y ahí está su gran error,   padece sobre el pasado la misma distorsión sectaria que otros manifiestan sobre el presente. Alude a los “bombardeos fascistas” de la guerra, como si la “aviación popular” no hubiera machacado, cuando pudo, a la población civil del otro lado, que por lo visto no merece recuerdo alguno. Menciona el Madrid que en noviembre del 1936  sonreía “con plomo en las entrañas, y en medio del dolor era la fortaleza que resistía gallardamente a la agresión del fascismo”. Ni eran fascistas los que intentaban conquistar Madrid, ni era “el pueblo” el que se movilizaba; además, aquel era también el Madrid de las checas y de Paracuellos;  y los autores principales de la defensa de la ciudad (y del enorme mito sobre esa defensa) fueron unos demócratas tan ejemplares como los comunistas  agentes de Stalin, entre ellos Líster, a quien dedicó  otro poema Antonio Machado.

   Pero no  hablo del error histórico de Muñoz Molina por  ningún prurito de estudioso. Hay dos razones para no pasarlo por alto. En primer lugar, esos mitos son del mismo tipo que llevan a los etarras al crimen, al PNV a apoyar el crimen y tratar de extraerle rentas políticas, y a los nacionalistas catalanes a hacer pactos de canallas con los asesinos y a propugnar el “diálogo” con ellos a costa de las víctimas, de la ley y de la democracia. Y los mismos comunistas, socialistas y demás, que tanto habían hecho por llegar a la guerra civil y  justificaban los peores desmanes con el cuento de la lucha “contra el fascismo”,  iban entonces de la mano con los nacionalistas vascos y catalanes, los cuales de ningún modo mejoraban a los actuales. Eran exactamente iguales en ideas, y peores en actos, pues creían tener a su alcance, por fin, el descuartizamiento de España.

    Y ahora los vemos de nuevo a todos juntos, formando una especie de cadena. El PNV apoya a los asesinos dándoles todo tipo de pretextos, ayudas políticas y hasta subvenciones, y propugnando el “diálogo” con ellos. A su vez el socialista  Pachi López propugna el diálogo con el PNV.  La Esquerra establece pactos gangsteriles con los terroristas, y Maragall mantiene sin el menor problema  el pacto con la pactante. Zapatero dice que no, pero sí. Algo los une a todos ellos, señor Muñoz Molina: su aversión a España  y su escaso aprecio a la democracia, que, creen, no vale si no son ellos quienes mandan.

    Y ahí están discutiendo sobre si ETA o Al Quaida. El salvaje atentado va contra España y contra nuestra democracia, y en eso coinciden exactamente la ETA y el terrorismo árabe, entre los cuales siempre ha habido lazos, como es bien sabido. Pero algunos creen que en un caso podrán sacar beneficios electorales, y en el otro no. Usted, señor Muñoz, invoca   un patriotismo y un civismo de izquierdas que nunca, o apenas, han existido. Lo escribió Azaña: “Lo que me ha dado un hachazo terrible, en lo más profundo de mi intimidad, es, con motivo de la guerra, haber descubierto la falta de solidaridad nacional. A muy pocos nos importa la idea nacional. Ni aun el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario, se ha aprovechado para que cada cual tire por su lado”.

Hoy,  ni aún el peligro del terrorismo y la disgregación de España sirven de soldador. En España la izquierda siempre ha sido así, con las debidas y escasas excepciones. Quien estudie sin prejuicios el pasado, podrá entender mejor el presente.     


Los verdaderos olvidados de la Guerra Civil

 

LA RAZÓN  martes 2 de marzo de 2004

Pío Moa es escritor

 

El reportaje «Las fosas del olvido» de hace unas semanas en TVE- 2, aunque menos sectario de lo que imaginaba, no deja de ser un falseamiento esencial de la historia.

    La idea básica es que, como las Cortes «condenaron» saliéndose de sus competencias y conocimientos, obviamente la sublevación de la derecha en el 36, esa sublevación fue la causante última de todos los crímenes. La realidad es muy distinta. Fue la izquierda, en especial los socialistas y los nacionalistas catalanes, la que se sublevó en octubre de 1934 contra un gobierno democrático y contra la legalidad republicana, con el propósito explícito no de dar un simple golpe de estado, sino de organizar una guerra civil, pues estaba convencida de que ganaría. Si entonces la derecha no hubiera defendido la legalidad republicana, allí habría acabado aquel régimen.

    Cuando las mismas izquierdas que protagonizaron la sangrienta revuelta de 1934 volvieron al poder en 1936, llenas de orgullo por su gesta, iniciaron un período revolucionario, de imposición y violencias. Con ello se deslegitimaron los gobiernos de Azaña y Casares, y abocaron a las derechas a la rebelión, planteada en principio como un golpe rápido y poco cruento. Entonces el gobierno no defendió la Constitución, al contrario que la derecha en el 34, sino que terminó de echarla por tierra al armar a las masas.
   Como tantas veces se ha dicho, cuando la legalidad cae por tierra, los crímenes proliferan, máxime después de años de cultivo del odio incondicional al contrario. Basta leer la prensa izquierdista de entonces para ver hasta qué punto sembraba ese odio, considerándolo una fuerza y una virtud revolucionarias.
    Por lo tanto fueron fundamentalmente las izquierdas quienes desataron las violencias de una guerra que, contra sus expectativas, terminaron perdiendo. Esta realidad se abre paso cada vez más al conocimiento público, tras veinte años de absoluto predominio de las versiones izquierdistas, basadas en Tuñón de Lara y que reproducen en lo esencial las tesis propagandísticas de la Comintern.

Al lado de la falsedad dicha, en la que afortunadamente no insistió demasiado el reportaje, está la de presentar las brigadas internacionales o el maquis con ropaje ajeno: el maquis fue un intento del PCE de volver a la guerra, querencia natural suya, pues ya Lenin aclaró que un partido comunista tiene por fin preparar la guerra civil.

    Luego hubo deficiencias como mezclar las víctimas de crímenes con los caídos en combate, o dar por buenas las cifras de 800 fosas comunes y 30.000 enterrados. La asociación dedicada a estas cosas, después de cuatro años en que ha movido a numerosos voluntarios y obtenido colaboración y subvenciones de diversos organismos, reconoce no haber localizado más de 200 cadáveres, algunos del bando franquista y otros no fusilados, sino muertos en la lucha. Pero la izquierda siempre ha sido extraordinariamente «liberal» con las cifras. Se podría hacer un trabajo sobre sus habituales y enormes exageraciones.
   Tampoco cabe hablar de olvido de estas víctimas: desde comienzos de la transición, las campañas izquierdistas que las recuerdan son constantes, y han recibido un tratamiento de absoluto privilegio en los medios de masas. Eso no sería malo si el recuerdo no viniera teñido de rencor y del olvido despreciativo hacia las víctimas del bando contrario.

    Pero hay otras víctimas, éstas sí verdaderamente olvidadas, y son las producidas entre las propias izquierdas. Existen bastante informes de los anarquistas sobre matanzas contra ellos realizadas por los comunistas, e informes comunistas sobre matanzas de campesinos reacios a la colectivización llevadas a cabo por anarquistas. También existen sobre asesinatos de oficiales y soldados socialistas y anarquistas, que luego eran acusados de haber intentado desertar. Seguramente suman muchas más víctimas que las halladas en estos cuatros años por la asociación de las fosas, y sería una excelente ocasión de reivindicar, como ellos dicen, su memoria y su dignidad.

    No sería mala idea que alguien se hiciera cargo de la investigación pertinente.

    Un aspecto consolador del reportaje fue la casi general ausencia de rencor en los testimonios. La idea común es que una cosa así nunca debe repetirse. Y para que no se repita, es imprescindible que quienes quieran especular con los muertos del pasado para resucitar los viejos odios y mentiras, sean debida y constantemente desenmascarados.


LAS FOSAS DEL OLVIDO

Por José Manuel de Ezpeleta

 

Hace unos días casi todos pudimos ver en la segunda cadena de TVE, el programa titulado ‘Las fosas del olvido’. Pues bien a más de uno le habrá producido desolación y tristeza el contemplar como la historia y los hechos allí expuestos, así como sus imágenes y sus contundentes manifestaciones aparecieron sesgadas por no decir falseadas, al menos sin que aparecieran contrastadas con algún documento que así lo acredite.

Casi de los cuarenta y seis minutos que duró el documental, treinta y tres estuvieron dedicados monográficamente según lo establecido por su director y guionista don Alfonso Domingo, a los ‘30.000 desaparecidos de la guerra civil española enterrados en tumbas sin nombre’, y conforme al parecer también sostenido tanto por don Emilio Silva, nieto de republicano asesinado en campo abierto y fundador de la ‘Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica’, como por los voluntarios y seudo especialistas en esta materia e integrados en ella, siendo su objetivo principal la búsqueda y exhumación de víctimas según ellos en 800 fosas comunes como todos pudimos ver, para seguidamente identificar y exhumar aquellos restos humanos que basados en testimonios ‘orales’, fueron fusilados por el ‘Régimen franquista’ en diferentes lugares de la geografía Española. ¿Habrán investigado con detenimiento y profundidad estas supuestas víctimas del franquismo, en la gran cantidad de archivos incluida la mencionada Causa General?.

Al margen del rigor y lo morboso en la publicidad de dichas excavaciones incluidas las pruebas del ADN, que por cierto, no creo que fuera necesario haber dedicado casi dos minutos en explicar la forma de obtenerlo, se mostró claramente un afán propagandístico e insultante por algunas de las declaraciones hechas en algunos momentos por personas supuestamente afectadas empeñadas en recuperar los restos de sus seres queridos, aunque claro está, tales descendientes no tienen la culpa de ello. Bajo el pretexto de abrir algunas fosas y de dar a sus seres queridos un entierro digno, la mencionada Asociación pretende polarizar tan magna obra glorificando a todos aquellos que murieron sin juicio aparente y bajo la represión de Franco, como si todos los males y fusilamientos hubieran sido obra del ‘Régimen’, porque por el mismo procedimiento, todos los horrores y fusilamientos llevados a cabo por el Gobierno republicano durante el mismo periodo y no otro, habrían sido ‘bajo el régimen Azañista’, termino que nunca se menciona. Lo correcto sería poner nombre y apellidos a quienes cometieron tales asesinatos o en su caso bajo quienes se llevaron a cabo, pero de lo que se trata y así se hizo, fue de generalizar sin entrar a matizar los hechos históricos de tales fusilamientos y de utilizarlos como arma arrojadiza tanto en número como en calidad, y así pudimos ver cómo se mezclaban las víctimas de las Brigadas Internacionales con las de los pobres Maquis que lucharon después de la guerra por instaurar un régimen democrático a semejanza del de la República, por no mencionar el recién creado Consorcio en memoria de los combatientes rojos caídos en el Ebro.

Es licito y necesario que a estas alturas y con la perspectiva del tiempo transcurrido, se valla investigando y haciendo un recuento del número de caídos por ambas partes, así como donde y cómo murieron, pero discriminando entre quienes cayeron luchando en aquella guerra fratricida y los que fueron asesinados dentro de la retaguardia por ambos bandos. Si esto hubiera sido el argumento y la exposición de dicho programa, aún con las limitaciones de éste y acompañado con el necesario rigor histórico y documental, la cosa hubiera resultado ecuánime y veraz. Pero no fue así y resultó que de haber sido un tema divulgativo y pedagógico para todos lo españoles, resultó ser tendencioso, desagradable y mal intencionado.

Tal vez con el afán reivindicativo expuesto por dicha Asociación de descubrir y mostrar el desprecio que según éstos, durante tantos años han padecido miles de familiares víctimas de aquella represión, no se dieron cuenta incluido el director de este trabajo, que también otros miles de caídos y víctimas del terror rojo o Azañista, aun yacen en otras fosas comunes sin que nadie explote malintencionadamente la recuperación de  su memoria histórica también olvidada, y me refiero al gran número de gente que sabiendo o ignorando la fecha y el lugar donde fueron asesinados sus también seres queridos, no alardean y menos aún reclaman sus restos, aunque para ello tan sólo se dedicasen unos once minutos de programa. Dicha Asociación seguirá en su empeño, y cada cierto tiempo nos volverá a mostrar sus últimos logros y adquisiciones, aun con la ayuda de patrocinadores y de otros estamentos cercanos a algún partido político, pero ignorando que no el olvido pero sí el perdón, son componentes de una actitud que jamás alcanzaran a entender.

Al parecer los odios, los revanchismos y los resentimientos seculares que algunos pretenden reivindicar de modo exultante y machacón con programas como este, hacen que el poco rigor y la escasa credibilidad que exponen en él cale en una sociedad moderna y sin complejos, capaz de asumir aquellos hechos sin venganza alguna y sin que se conviertan en arma arrojadiza. Precisamente ésta postura es la que mantienen diversas asociaciones de víctimas del Azañismo, o mejor dicho de José Giral, Largo Caballero o Negrín y de algunos de sus ministros y jefecillos de orden Público, que sin levantar polvo alguno guardan la memoria y el recuerdo de sus caídos sin que nadie sepa de ellos y sin que ningún organismo les preste la más mínima ayuda. Al contrario, siempre han estado dispuestos a colaborar en lo que se les ha requerido, incluso de forma anónima a dejar que se haga uso de sus cementerios o lugares de enterramiento, siendo correspondidos tanto en éste como en otros casos de documentales propagandísticos, con la mutilación más cicatera que han hecho en este caso al no tener el necesario rigor y la valentía profesional de dejar por ejemplo que el letrero que menciona el nombre del cementerio donde filmaron sus censuradas tomas apareciera completo.

Sin olvidar que él titulo del documental se presta al olvido, tanto la productora como televisión española se prestaron también a olvidar conjuntamente algunos aspectos históricos y relevantes sobre las fosas de Paracuellos de Jarama, por cierto filmadas ampliamente por la productora. Pero de lo que se trataba en dicho programa, era de mostrar con unas efímeras pinceladas a los televidentes, imágenes del traslado de los restos de José Antonio Primo de Rivera al Valle de los Caídos como ejemplo de digno enterramiento, de resumir lo más posible el testimonio de uno de los supervivientes de aquellas matanzas de presos cuyo padre y hermano reposan en una de estas olvidadas fosas, así como de la entrega de unos documentos a unos familiares que buscando a sus muertos, documentalmente aparecen identificados en lugares cercanos a Madrid. En resumen todo un alarde de bochornoso espectáculo, de inequidad documental y de falta de rigor histórico para las generaciones presentes y venideras, que nunca sabrán gracias a este tipo de programas llamados ‘documentales’ la verdad de una guerra y unos hechos, que por tanto olvidar quizás volvamos a repetir.


 

CARRILLO COMO EJEMPLO

Por Pío Moa

 

   Santiago Carrillo desempeñó un buen papel durante la transición, bastante mejor que el PSOE, aunque a éste nadie le tomaba en serio sus radicalismos, mientras que al PCE nadie acababa de creerle su moderación. Fue el mejor papel en la vida del caudillo comunista. En función de él y de la reconciliación,  casi todo el mundo prefirió olvidar otras historias siniestras.

   ¿Por qué ahora, un cuarto de siglo después, se le recuerda cada vez más en relación con  los asesinatos en masa de Paracuellos? Por una razón muy sencilla: porque la izquierda, y él mismo, están inmersos en una campaña incesante por refrescar, con las peores intenciones, los antiguos crímenes y no crímenes de la derecha (meten en el mismo cajón de las “víctimas” a las que realmente lo fueron y a los castigados por asesinatos y terrorismo). La capacidad de rencor de la izquierda, a través de los años y de las generaciones, es sencillamente asombrosa. Y no menos su habilidad para sacar tajada política –y monetaria- de hechos que, sin necesidad de olvidarlos, debieran haber dejado de surtir cualquier efecto político.

    Una de las más miserables mentiras de estos turbios jardineros del rencor es la de que “durante cuarenta años las víctimas han sido olvidadas y  ya es hora de reivindicar su dignidad”.  En los últimos diez años del franquismo ya las víctimas más recordadas empezaban a ser las izquierdistas, y la cosa ha ido in crescendo  durante los decenios siguientes, hasta hoy. Lo que ha predominado de manera absoluta, y absolutamente abusiva en  los medios de comunicación,  y en toda esa literatura y  arte de chiste que padecemos, es la referencia exclusiva a las víctimas de uno de los bandos. Las que  han padecido en su dignidad y han sido condenadas al olvido han sido precisamente las otras. La derecha, en general, ha tragado, y una parte de ella, a base de callar –otorgando-- en aras de una “reconciliación” unilateral, y por tanto falsa, ha llegado a comulgar con buena parte de las ruedas de molino al respecto. Tanto más cuanto que las administraba P. Preston, unánimemente reverenciado a derecha e izquierda, y uno de los mayores fraudes historiográficos de los últimos diez o quince años; o Santos Juliá, y otros de la misma cuerda.

    Es muy lamentable tener que salir al paso de esta golfería, pero ya va siendo hora de hacerlo, porque si no, terminaríamos ahogados en la mentira  más nauseabunda sobre nuestro pasado. César Vidal lo ha hecho hace poco, con “Checas de Madrid”, y habrá que insistir en ello.

    Carrillo podría haber pasado a la historia  fundamentalmente por su actitud constructiva en una época difícil, pero él y todos los demás parecen empeñados en convencernos de que si obraron entonces de manera sensata no fue por convicción, sino sólo por no haberse sentido con fuerzas para hacer lo que les pedía el cuerpo. Lo que está haciendo esa gente, desde Maragall a Anasagasti pasando por Llamazares y muchos socialistas, no enlaza con la transición. Enlaza con la rebelión antidemocrática de 1934, con Paracuellos o con el Pacto de Santoña. Ojalá encuentren entre los españoles todo el desprecio que merecen. 

PIO MOA

 


VICTIMAS OLVIDADAS

 

ABC, del 17 de diciembre de 2003, en Cartas al Director.

Por Juan Ignacio Medina Muñoz

 

Nos estamos acostumbrando a que, de vez en cuando, y siempre coincidiendo con fechas señaladas, los partidos políticos y algunas instituciones del país decidan celebrar homenajes a aquellas personas represaliadas o perseguidas por el régimen del general Franco.

Hace unas semanas los grupos de la oposición rendían un homenaje en el Congreso de los Diputados a las víctimas del franquismo. En 2001 la Comunidad de Madrid, con el apoyo de todos los grupos parlamentarios, hacía lo propio con las ‘Brigadas Internacionales’.

Y yo me pregunto una cosa: cuándo se hará un homenaje a las víctimas de la sinrazón comunista, personas como Ramiro de Maeztu, Pedro Muñoz Seca y tantos otros que sufrieron persecución en la zona republicana y que murieron masacradas en Paracuellos del Jarama, Aravaca, Cuartel de la Montaña...

Uno de los errores del franquismo fue olvidarse de quienes habían perdido la guerra. Desde la llegada de la democracia se viene haciendo lo mismo, pero al revés. Con esta actitud, y 67 años después del comienzo de la contienda, la Guerra Civil sigue dividiendo a los españoles.

 


 

¿ PRESCRIBEN LOS GENOCIDIOS PARA TODOS ?

 

La Nación nº 401-402, del 17 de septiembre de 2003

 

Por Mariano Cañas Barrera

 

Pues parece que no. Curioso y extraño a la vez, resulta que el famoso juez Baltasar Garzón logre que 43 cargos de la Dictadura argentina hayan sido arrestados y posiblemente se van sometiendo a extradición para ser juzgados en España. Y digo que resulta curioso y extraño a la vez que el señor Garzón, que por cierto fue el número dos en las listas electorales del PSOE detrás de Felipe González en su último triunfo electoral, pida la extradición de los militares argentinos por genocidio y sin embargo fue el que desestimó por ‘Delitos de genocidio, tortura y terrorismo’ interpuesto contra Santiago Carrillo Solares, en 1998, por según el ilustre juez ‘una querella mal intencionada’.

La paja en el ojo ajeno. Quizás el señor Garzón ignore que el antiguo compañero de izquierdas Santiago Carrillo, ingresó en el Partido Comunista el día 7 de noviembre de 1936, siendo en esa fecha el Consejero de Orden Público de Madrid.

Desde la llegada de Carrillo al ‘Orden Público’ se incrementaron las sacas de presos de las cárceles de Porlier, Ventas, Modelo y San Antón, firmando las listas de las sacas de la mano derecha de Carrillo Segunda Serrano evitando que aumentaran los asesinatos, un anarquista llamado Melchor Rodríguez al ser designado en diciembre, delegado especial de prisiones, lo que le valió el nombre de ‘Ángel Rojo’.

Quizás siga ignorando Garzón que el Dr. Félix Schaleyer, representante de Noruega en Madrid, comentó en su libro ‘Un diplomático en el Madrid rojo’, que visitó a Carrillo para evitar más masacres diciéndole que las noches del 7 y 8 de noviembre estuvieron los autobuses yendo y viniendo a las prisiones....

En otro lado dice: ‘...que a pesar de aquellas falsas promesas continuaron los trasportes que sacaban de las cárceles, sin que Miaja ni Carrillo se creyeron obligados a intervenir...’.

También debe ignorar el señor juez que existe un teletipo fechado en Valencia el 10 de diciembre de 1936, firmado por Irujo, ministro sin cartera, enviado al secretario de Miaja, que entre otras cosas decía: ‘...Había tenido noticias de haber sido fusilados gran número de detenidos y que le interesaba saber número de víctimas, cárceles de donde habían sido extraídos y medidas del gobierno que hayan sido adoptadas...’.

Se sabe que Carrillo estaba muy unido a Milhain Koltsov, que según Krivitsky, jefe del Servicio militar soviético para Europa, era quien formaba parte activa en la defensa de Madrid.

Si esto no era suficiente, ésta el testimonio de muchas personas, entre ellas Ricardo Ayeste Yebes, que dijo que vio ‘cómo asesinaban en el Arroyo de San José de Paracuellos y por la tarde vio llegar a otros autobuses llenos, procedentes de San Antón con 55 pasajeros cada uno...’.

El muchacho conocido como Julián ‘el Estudiante’ en sus declaraciones dijo que ‘el 29 de agosto de 1936, Carrillo y su chófer Juan Izascu, le recogieron en la checa de Marqués de Cubas y fueron a Fomento junto a la estación de Atocha en un Ford matrícula M-984. Era de noche donde esperaban a Carrillo los chequistas Manuel Domínguez <el Valiente> y el guardia de asalto Juan Bartolomé. Allí estaba sentada una mujer joven de unos 30 años, casi desnuda que no hacía más que llorar y suplicar que no la pegaran más. Llegó por fin al sótano Santiago Carrillo y dio al <Valiente> la orden de quemarla los pechos, orden que éste cumplió con su cigarro puro. La mujer suplicaba <por Dios> que ese tormento cesara. Luego me dijeron que era una monja, Sor Felisa, del Convento de las Maravillas, en la calle Bravo Murillo’.

En otro momento de su declaración dice: ‘sin consideración los mataban a todos con ametralladoras y fusiles... Seguidamente los echaron en las zanjas y nos mandaron cubrir de tierra los cadáveres. Debía ser la primera semana de noviembre, cuando nos llegaban tres autobuses de cientos de personas amontonadas... no paraban de matarlos...’.

En un apartado de su declaración continúa diciendo el Estudiante: ‘Era Santiago Carrillo. Apearon del coche a tres señores y una señora, les hicieron andar sobre la cuneta más de 12 metros y sin que yo me lo esperaba sacaron las ametralladoras y los mataron a los cuatro. Uno de ellos era el Duque de Veragua...’.

Muchos testigos han escrito sobre el genocidio de Paracuellos, que al señor Garzón le parece ‘una querella mal intencionada’, pero si bien intencionados los crímenes que dicen cometieron altos cargos de repúblicas hispanoamericanas. Con lo que el famoso juez ignora la realidad de los hechos.

Por ejemplo. Luca de Tena que estuvo detenido en San Antón, que logró salvarse de la muerte (cosa que no pudo el gran abogado y autor don Pedro Muñoz Seca), contó cosas de las que allí pasaron, como le recordó hace años a Carrillo en el ‘ABC’.

El marqués de Valdeiglesias en el semanario ‘Domingo’ de San Sebastián narró los hechos contados por supervivientes a las matanzas.

Don José Antonio García Noblejas escribió en ‘El gran holocausto de Paracuellos de Jarama’ la culpabilidad de Santiago Carrillo en la matanza, al enviar a Ramón Tordesillas [Ramón Torrecilla] para hacer unas listas eligiendo los presos que debían ‘ser salvados’ de la prisión. Y esto ocurría el mismo día que Carrillo era nombrado Delegado del Gobierno.

Esas listas según la obra de Jesús de Galíndez ‘Los Vascos en la defensa de Madrid’ eran obedeciendo órdenes estrictas de Carrillo.

Ian Gibson –poco sospechoso de ser partidario del bando nacional- decía: ‘que la complicidad del Consejero de Orden Público, Santiago Carrillo, nos parece fuera de toda duda’.

Ricardo de la Cierva en su documentada obra ‘Carrillo miente’ demuestra la culpabilidad del ex delegado de Orden Público, en su documento número 56.

Carlos Fernández en sus libros ‘Paracuellos del Jarama ¿Carrillo culpable?’, atestigua que ‘...si aquí hubiera habido un Tribunal de Nüremberg, Santiago Carrillo probablemente hubiera acabado en la horca’.

El historiador Javier Cervera Gil en el cuaderno nº 258 de ‘Historia 16’, dice textualmente: ‘Santiago Carrillo conocía la suerte que estaban corriendo los internos de las cárceles madrileñas’.

Pío Moa en su magnifico libro ‘Mitos de la guerra civil’ dice en él capitulo de la Batalla de Madrid, hablando de la masacre de Paracuellos que la ‘organización corrió a cargo de la Junta de Defensa, de la que Carrillo era Consejero de Orden Público’.

Podríamos hacer mención de muchos historiadores de ambos bandos, pero todos sabemos quién fue el culpable de aquel genocidio y yo pregunto al ilustre juez don Baltasar Garzón: ¿Prescriben los genocidios para unos sí y para otros no?.


 

 

Los mártires de la Guerra Civil fueron asesinados por el odio a la fe

La Razón,  9 de Julio de 2003

Historiador Con tres doctorados (uno de ellos en Historia con premio extraordinario de fin de carrera), César Vidal aborda en su último libro las siniestras «checas de Madrid»

José Joaquín Iriarte

César Vidal no es un nostálgico del franquismo (a su época la llama «dictadura») sino un joven historiador que ha irrumpido en la historia de la Guerra Civil con un escalofriante relato de uno de los períodos revolucionarios más sangrientos de la II República Española. «Las checas de Madrid» (Belacqua) es una invitación a no olvidar la historia, «pero sí a conocerla sin odios ni falsedades».

-Afirma en el libro que se vivió una persecución religiosa «cuyo único precedente aproximado se hallaría, antes del siglo XX, en la terrible persecución contra los cristianos desencadenada por Diocleciano». ¿No se encuentra en la Historia ningún otro paralelismo?

  Lamentablemente sí los hubo. Las matanzas masivas de sacerdotes y católicos durante la revolución mexicana o la persecución de cristianos de todas las confesiones durante el régimen soviético son claros precedentes de lo que realizaría el Frente Popular en España.

– ¿Cuántos clérigos y laicos –por su condición de católicos– fueron asesinados en la Guerra Civil?

El número de sacerdotes y religiosos es cercano a los siete mil, es decir, muchos más fusilados en números absolutos (no digamos ya proporcionales), que los miembros de cualquier otro colectivo, ya formaran parte de un sindicato, de un partido o de la masonería. Por lo que se refiere al número de católicos, por el simple hecho de serlo, es más difícil de calcular, pero estaríamos hablando, sin ninguna duda, de una cifra muy superior.

– ¿Es cierto que sólo en Madrid el número de asesinatos superó a los de la dictadura de Pinochet?

Sin ningún género de dudas. El número de asesinados por las checas de Madrid superó ampliamente los doce mil –ésos son los nombres incluidos en mi libro– y pudo incluso rebasar la cifra de quince mil.

– ¿A qué se llamaba checa?

El nombre de checa derivaba de la «cheká» soviética, un organismo creado por Lenin para implantar el terror como instrumento de perpetuación de su dictadura.

– ¿Cuántas hubo en Madrid?

Más de doscientas... 

– Cuántas iglesias fueron incendiadas, destruidas o profanadas?

De nuevo la cifra debe evaluarse en varios millares, ya que en la zona controlada por el Frente Popular no hubo lugar de culto que no fuera objeto de ultrajes.

– Los sacerdotes asesinados, ¿se distinguían por alguna actividad política?

En absoluto era gente que se dedicara a la política ni tampoco –como se ha dicho tantas veces– que fueran amigos de los poderosos. Lo que existía, como había señalado décadas atrás Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, era una guerra ideológica declarada por las izquierdas que para ellas sólo podía acabar con la desaparición del cristianismo.

 

NI UNA SOLA APOSTASÍA

¿Un testimonio de especial ejemplaridad?

Sería injusto fijarse en uno solo. Basta recordar las palabras de aquel autor francés que, refiriéndose a los sacerdotes y religiosos asesinados por el Frente Popular dijo: «¡Siete mil asesinados y ni una sola apostasía!». Habría que añadir que fueron mayoría los que murieron perdonando a sus asesinos.

¿Cuál ha sido el criterio para, desoyendo opiniones contrarias por razones de «oportunidad política», la Iglesia haya elevado a los altares a los mártires de la Guerra Civil?

El tema desborda mi labor como historiador, pero en mi opinión la razón resulta obvia: fueron mártires a los que se dio muerte no por razones políticas o sociales, sino porque se odiaba fanática y visceralmente a su ministerio religioso y su fe.

¿Hubo por parte del Frente Popular un auténtico odio a la fe?

Sin ningún género de dudas. Fue anterior a la constitución del Frente Popular. Así quedó de manifiesto ya en mayo de 1931 con las primeras quemas de conventos; siguió con la redacción de una Constitución que colocaba fuera de la ley a las órdenes religiosas dedicadas a la docencia; estalló en las terribles matanzas del levantamiento socialista-nacionalista de octubre de 1934, y se amplió durante la Guerra Civil. No deja de ser significativo que el primer número de «El mono azul», la revista de Alberti, ya estuviera plagado de mofas, escarnios y blasfemias contra la fe.

De no producirse el 18 de julio, ¿era inexorable la implantación de una dictadura obediente a la URSS?

Me parece imposible negar esa posibilidad. Tal peligro ya fue señalado por el socialista Besteiro o por Casado. La documentación soviética que aparece en el libro muestra que Negrín había pactado con Stalin la desaparición del sistema parlamentario y la creación de una dictadura similar a las que se crearían en Europa después de 1945.

¿Habríamos corrido la misma suerte también en el caso de que la guerra la hubiera ganado el Frente Popular? ¿Nuestra situación ahora sería como la de Bulgaria o Rumania?

Posiblemente más cerca de Albania y de la antigua Yugoslavia que la de los países mencionados.

Ganó Franco. ¿El llamado «nacionalcatolicismo» sirvió a la Iglesia o se sirvió de ella?

–Tengo serias dudas de que existiera ese nacionalcatolicismo. Me parece un cliché interesadamente simplista acuñado para desprestigiar de una sola tacada al régimen nacido de la Guerra Civil y a la Iglesia católica y, aunque ha habido acercamientos interesantes, posiblemente está por escribir la historia definitiva de las relaciones entre la Iglesia católica y Franco.

- Carrillo, ¿es responsable o no de los fusilamientos de Paracuellos del Jarama?

Así lo aseguraba Dimitrov, a la sazón factotum de la Komintern, en un documento que reproduzco en mi libro. Creo que no existe ningún investigador serio que haya estudiado las matanzas de Paracuellos que pueda eximir a Carrillo de la responsabilidad de los asesinatos. Sin embargo, al mismo tiempo, como también señalo en el libro, creo que la responsabilidad material y especialmente moral de aquel precedente de las matanzas perpetradas por los soviéticos en Katyn o por los nazis en Baby Yar no se reduce sólo a Santiago Carrillo.

¿Cree usted que el rencor de unos y otros permanece todavía en la conciencia de los supervivientes y descendientes de los dos bandos enfrentados? ¿Quién perdona más fácilmente?

Creo –con los matices y las excepciones que se quiera– que en el bando vencedor se comenzó la tarea de olvidar el horror ya en los años cuarenta, y la prueba es la práctica ausencia de textos dedicados a recordar las atrocidades de los vencidos. Ese deseo de olvidar –y resulta inexplicable– no fue asumido por los derrotados hasta los años sesenta. Finalmente, el haraquiri de las instituciones de los vencedores durante la Transición, la instauración de una monarquía para todos y la mano tendida a una izquierda que tenía escaso peso popular antes de 1977, permitieron hacer tabla rasa del pasado. Quizá por eso resulta tan lamentable que en los últimos tiempos se haya llevado a cabo el intento de crear una visión «políticamente correcta» –y documentalmente falsa– de la Guerra Civil, que no sirve a la asunción del pasado y a la reconciliación, sino a intereses políticos y mediáticos sospechosos. No son los pueblos que falsean u olvidan la Historia los que la superan, sino los que la recuerdan tal como fue y la asumen aprendiendo las lecciones pertinentes.


 

Ultima visita de SS. Juan Pablo II a España

 

El pasado domingo 4 de mayo en Madrid, España vivió uno de los mayores acontecimientos que pocas veces se repiten en la historia de la Iglesia católica, la canonización de cinco beatos españoles. Desde 1622 no se producía un fenómeno semejante. En aquel año, se elevó a los altares a Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Isidro Labrador. El pasado domingo fueron cinco los españoles añadidos a la enorme lista de Santos: los sacerdotes Pedro Poveda Castroverde y José María Rubio, y las religiosas Genoveva Torres, Ángela de la Cruz y Maravillas de Jesús. Los nuevos cinco santos tienen en común el ser españoles y contemporáneos del pasado siglo XX. En palabras de Juan Pablo II, los nuevos santos “se presentan hoy ante nosotros como verdaderos discípulos del Señor y testigos de su Resurrección”. Pidiendo a los españoles, que imitemos la vida de los cristianos santificados el pasado domingo.

Aquella espléndida mañana en la plaza de Colón, durante la homilía, el Santo Padre subrayó en la misa de canonización: Sed testigos de mi resurrección (Lc. 24, 46-48), Jesús dice a sus Apóstoles en el relato del Evangelio apenas proclamado. Misión difícil y exigente, confiada a hombres que aún no se atreven a mostrarse en público por miedo de ser reconocidos como discípulos del Nazareno. No obstante, la primera lectura nos ha presentado a Pedro que, una vez recibido el Espíritu Santo en Pentecostés, tiene la valentía de proclamar ante el pueblo la resurrección de Jesús y exhortar al arrepentimiento y a la conversión”. Mencionando más adelante: Los nuevos santos se presentan hoy ante nosotros como verdaderos discípulos del Señor y testigos de su Resurrección”. Luego describió los aspectos más destacados de cada uno de los nuevos santos. Aparte de los otros tres beatos, SS. Juan Pablo II, dijo del entonces padre Pedro Poveda, nacido en Linares (Jaén), en 1874: “Fue maestro de oración, pedagogo de la vida cristiana y de las relaciones entre la fe y la ciencia”. El cual, inició su ministerio entre los pobres de las cuevas de Guadix (Granada), pero a pesar de su labor humanitaria tropezó con múltiples incomprensiones de la época que le llevaron a retirarse a Madrid, donde fundó la Institución Teresiana. Al iniciarse la guerra, el Padre Poveda al ser detenido en su domicilio por un grupo de milicianos que acto seguido, lo conducirían al martirio, les respondió “soy sacerdote de Jesucristo”. Su cuerpo, apareciendo junto a las tapias del cementerio del Este, el día 28 de julio de 1936, convirtiéndose en uno más de los miles “nuevos mártires de la fe”, como consecuencia de la persecución religiosa dentro de la guerra civil española.

La Madre Maravillas víctima también de la misma persecución, pasaba las noches en oración junto al monumento del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles, esperando salir con su comunidad de un momento a otro, aún exponiendo su vida, si llegara el momento de defender la sagrada imagen en caso de ser profanada. En julio de 1936 las Carmelitas fueron expulsadas de su convento y llevadas detenidas a las Ursulinas de Getafe. Más tarde, se refugiaron en un piso de la calle Claudio Coello de Madrid, viviendo tiempos de observancia y de heroísmo durante los catorce meses en los que no faltaron registros y amenazas, como otros cientos y cientos de madrileños.

Durante la ceremonia de canonización el Santo Padre dijo de ella: “Santa Maravillas de Jesús vivió animada por una fe heroica, plasmada en la respuesta a una vocación austera, poniendo a Dios como centro de su existencia. Superadas las tristes circunstancias de la Guerra Civil española, realizó nuevas fundaciones de la Orden del Carmelo presididas por el espíritu característico de la reforma teresiana. Su vida contemplativa y la clausura del monasterio no le impidieron atender a las necesidades de las personas que trataba y a promover obras sociales y caritativas a su alrededor”. Sería a partir del 4 de marzo de 1939, cuando la Madre Maravillas, junto con un grupo de monjas volverían a recuperar el convento del Cerro de los Ángeles completamente destruido, restaurándolo con gran esfuerzo para la vida comunitaria, en junio del mismo año.

Con el lema elegido por los Obispos “Seréis mis testigos”, mandato con el que Jesucristo envió a sus discípulos a la misión evangelizadora, el Santo Padre, quiso dejarnos con su mensaje, un testimonio de esperanza, de fe y de evangelio. Lo mismo que en los inolvidables viajes de 1982, 1986, 1989 y 1993, cuando nos mostró la meta de nuestra esperanza y el fundamento de nuestra fe. Así, en sus veinticinco años de ministerio apostólico, el Papa nos ha alentando sin descanso con la palabra a ser testigos de Jesucristo muerto y resucitado.

Y es que desde hace dos milenios, la Iglesia católica ha estado a punto de desaparecer en multitud de ocasiones. Por ejemplo, con Miguel Cerulario y la crisis iconoclasta en el siglo XI, con el cisma de Aviñón o con la Reforma luterana. Pero, qué casualidad: cual ave fénix, la Iglesia católica siempre renació de sus aparentes cenizas. Gracias a españoles como Sto. Domingo de Guzmán, fundador de los dominicos, orden a la que pertenecía el gran Sto. Tomás de Aquino, y San Ignacio de Loyola, fundador este último de un contingente de sacerdotes que, desde la atalaya de la formación intelectual, defendieron a toda costa aquella iglesia que a mediados del siglo XVI estaba prácticamente desahuciada. Sin embargo hoy día, cuando lo que prevalece es el racionalismo, bajo las sombras de la Ilustración, la prepotencia del Positivismo y un generalizado laicismo, hacen que más de uno se plantee si los valores del catolicismo son de esta o de otra época.

Parece ser, que muchos españoles son más proclives a estas doctrinas, incluida la de Marx, al seguir creyendo que “la religión es el opio del pueblo”, o con aquella ingeniosa y ocurrente frase de Manuel Azaña: “España ha dejado de ser católica”. Pues sí, la Iglesia persiste ante cualquier envite y España sigue siendo católica aunque la Constitución no lo reconozca explícitamente. Casi setenta años después, los españoles, y en particular los madrileños, ya no practican aquel deporte de quemar iglesias, sino todo lo contrario: el de poner en los balcones, como prueba de adhesión, la bandera roja y gualda junto a la foto de SS. Juan Pablo II.

Como el propio Pontífice ha señalado en esta su última visita, la Iglesia no puede ser identificada con ningún régimen u opción política. A excepción hecha naturalmente, por todos aquellos cuyo programa político-social, es precisamente erradicar a cualquier precio el vestigio de fe o sentimiento religioso en aras de un ideal de modernidad, negando cualquier representación moral y cristiana de tantos millones de españoles. Así ocurrió en el pasado siglo que fue testigo de las más devastadoras consecuencias de la aplicación de este tipo de credos, cuando se quiso anular la dimensión espiritual del hombre en aras de un ideal colectivista, a través de un proletariado de corte comunista. El mismo Juan Pablo II pudo comprobar en Polonia durante su infancia y juventud, como fue sometida al yugo marxista, y cómo se llegó a la más alta locura humana de todos los tiempos en los campos de exterminio nazis. Pero hay quien olvida la historia, y que en la España de 1936 también ocurrieron hechos similares, entre ellos, la mayor matanza de sacerdotes, religiosos y laicos asesinados en Paracuellos de Jarama y en otros tantos lugares, víctimas de la fe,  predecesores de aquel horroroso Holocausto.

Con su mensaje, Juan Pablo II nos ha reconfortado a todos los católicos españoles frente a un laicismo progresivo y un aparente relativismo moral, así como a las constantes campañas de desprestigio con que la izquierda intelectual domina el actual panorama mediático en España. Por lo que al respecto, en la canonización del pasado domingo dijo: no se puede ignorar la constante insidia de la mediocridad en la vida espiritual, del aburguesamiento progresivo, de la mentalidad consumista, del afán por la eficiencia y la desmesura del activismo”. Como corolario de esta realidad, SS. Juan Pablo II exhortó a todos los españoles a “no abandonar ni romper con sus raíces cristianas, parte esencial e imprescindible de su ser colectivo, de su historia y de su cultura”.

Pues bien: no rompamos nuestras raíces cristianas ni olvidemos los que dieron su vida por defenderla. Hace ya bastantes años, SS. Pío XII, decía: “¿Cómo es posible que los españoles hayan podido tan fácilmente olvidar a sus Mártires de los años 1936-39, a los que yo me encomiendo cada día?”. Y no hace mucho tiempo, SS. Juan Pablo II al beatificar a mártires del mismo periodo revolucionario, pronunció esta frase: “Por eso no olvidemos a los mártires de nuestro tiempo. No nos comportemos como si no existieran”.

Por último, en la plaza de Colón, Juan Pablo II pidió a los religiosos que salvaguarden “tanto la fidelidad a la experiencia primigenia como el modo de responder adecuadamente a las exigencias cambiantes de cada momento histórico”, al tiempo que les instó a proseguir “su camino de fidelidad dinámica a la propia vocación y misión”, teniendo en cuenta que “la humanidad tiene sed de testigos auténticos de Cristo” y que “la cualidad espiritual de la vida consagrada es lo que impacta a las personas de nuestro tiempo, sedientas también de valores absolutos”.

Al término de la canonización, el Santo Padre, se despidió diciendo: “Al concluir esta celebración, en la que he canonizado a cinco nuevos Santos, quiero dar gracias a Dios que me ha permitido realizar el quinto viaje apostólico a vuestra Nación, tierra de fieles hijos de la Iglesia que ha dado tantos santos y misioneros. Mi primera visita tuvo como lema «Testigo de la esperanza»; y esta vez ha tenido «Seréis mis testigos». Recordad siempre que el distintivo de los cristianos es dar testimonio audaz y valiente de Jesucristo, muerto y resucitado por nuestra salvación.”

Después de reiterar su agradecimiento a Sus Majestades los Reyes de España, Familia Real, Gobierno y Autoridades de la Nación, y al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid por su invitación y acogida, dijo a continuación:

      Saludo, además, con gran afecto a los numerosos sacerdotes, religiosos y religiosas, a tantos jóvenes, familias, hombres y mujeres de buena voluntad. Me llevo el recuerdo de vuestros rostros esperanzados, que he encontrado estos días, y comprometidos con Jesucristo y su Evangelio. Sois depositarios de una rica herencia espiritual que debe ser capaz de dinamizar vuestra vitalidad cristiana, unida al gran amor a la Iglesia y al Sucesor de Pedro.

       Con mis brazos abiertos os llevo a todos en mi corazón. El recuerdo de estos días se hará oración pidiendo para vosotros la paz en fraterna convivencia, alentados por la esperanza cristiana que no defrauda. Y con gran afecto os digo, como en la primera vez, ¡Hasta siempre España! ¡Hasta siempre, tierra de María!”.

Hasta aquí el escrito oficial. Pero Juan Pablo II añadió a continuación las siguientes palabras: “Aunque os haya costado sacrificio ha merecido la pena. La Plaza de Colón se ha convertido en un gran templo para acoger la celebración que hemos rezado con devoción y se ha cantado con esmero. Nos encontramos en el corazón de Madrid, cerca de grandes museos, bibliotecas y otros centros de cultura fundada en la fe cristiana que España, parte de Europa, que ha sabido luego ofrecer a América con su organización y después en otras parte del mundo. El lugar evoca pues la vocación de los católicos españoles a ser constructores de Europa y solidarios con el resto del mundo. España evangelizada. España evangelizadora. Ese es el camino. No descuidéis nunca esa misión que hizo noble a vuestro país en el pasado y en este momento intrépido para el futuro. Gracias a la juventud española que ayer vino tan numerosa para demostrar a la moderna sociedad que se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo. La juventud es la llama de esperanza para el futuro de España y de la Europa cristiana. El futuro les pertenece. De nuevo me voy contento. Adiós España. Adiós ciudad de Madrid. Que Dios os bendiga.”

 

Por José Manuel de Ezpeleta


OTRO  HOMENAJE  AL  GENOCIDA

La Nación. nº 395, Pág. 6 del 4 de junio de 2003.

 

Hemos llegado a la firme convicción de que los más destacados franquistas, los que durante años chuparon de la teta del “Régimen anterior”, se están convirtiendo en miserables personajes. Produce auténticas náuseas, él escucharles hablar sobre funestos personajillos del bando rojo en la Cruzada de Liberación Nacional. Ya escribimos, en su día, del grotesco homenaje que en el mismísimo Ministerio de la Gobernación, se le ofreció a este siniestro personaje, al genocida Carrillo, en el que se le entregó una peluca y una gabardina. También aquí, como en el acto de hace unos días, fue figura destacada Martín Villa. ¡Da vergüenza!.

A finales del pasado mes de marzo, se le hizo entrega del premio “Fernando Abril Martorell”, por parte de la Fundación del citado ex ministro, por Luis Leal. Presentes en el acto, toda una muestra de sujetos que parece increíble que alguno llegara a ser ministro, antes o inmediatamente después de muerto Franco, y hasta hijos de ministros del Caudillo. Para su vergüenza, si aún la tienen, allí estaban presentes, junto al incombustible Martín Villa, entre otros, Rafael Arias Salgado y Landelino Lavilla.

Todos estos sujetos, algunos reconocidos perjuros, no se detuvieron ni un momento a pensar la clase de indeseables al que iban a homenajear. Un destacado genocida autor directo unas veces, e indirecto otras, del asesinato de miles de honrados y destacados españoles –el episodio del asesinato del Duque de Veragua, Cristóbal Colón, donde ordenó hasta que le cortaran el dedo, para hacerse con un valioso anillo- es espeluznante. Tampoco recordaron sus palabras poco antes de la muerte de Franco, dirigidas a su heredero, a título de Rey, Juan Carlos de Borbón, cargadas de amenazas y de desprecio hacia la figura del entonces príncipe de España. Comprendemos la gran indignación de los familiares de los diez mil asesinados en Paracuellos de Jarama por órdenes de este siniestro Santiago Carrillo.

En un programa de Televisión Española, emitido hace años, que dirigía una chica que creo recordar que se llamaba Nieves Herrero, a preguntas sobre su responsabilidad en aquellos horrendos crímenes, Carrillo contestó sin inmutarse: “Yo sólo soy responsable de unos dos mil ejecutados, pues eran militares que había que evitar que formaran una quinta columna”. Esto lo pudieron ver y escuchar millones de españoles, que no salían de su asombro, especialmente los familiares de estos dos mil asesinados, por órdenes directas de Carrillo, en Paracuellos del Jarama.

Aunque no tenga relación directa con lo anterior, lo que ha estado ocurriendo con las manifestaciones contra la guerra en Iraq, tiene su miga. Profusión de banderas republicanas y de la comunista con la hoz y el martillo, y al frente de ellas los más altos cargos del Partido Socialista y de los comunistas de Izquierda Unida. En esta ocasión, ni la Agencia EFE, tan diligente cuando grupos de jóvenes patriotas enarbolaban la bandera española, la bandera nacional, así como la prensa, radio y televisión nacionales, se desgañitan afirmando que “unos ultras” provocan con la exhibición de la bandera nacional con el Águila de San Juan (que es perfectamente constitucional, hasta el extremo de que tal Águila figura en la propia encuadernación del original de la Constitución) estos mismos medios de comunicación no han dicho ni una sola palabra, ni por supuesto han protestado, por la escandalosa exhibición de auténticas banderas anticonstitucionales en las que hemos referido. Es la ley del embudo, la ley de los cobardes.


 

 

EL RISCO DE LA NAVA

 

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS

Nº 161 – 8 de abril de 2003

 

¿Quiénes fueron los culpables de la Guerra Civil?

 

 

Por Mario Tecglen

La opinión reinante. El pensamiento único. Esa especie de pacto tácito que tenemos que soportar a diario a través de cualquier letra impresa, nos repiten hasta la saciedad; nos restriegan en cada ocasión, que cuando los españoles vivían la paz de su Idílica República, unos militarones, en connivencia con unos señoritos fascistas, rompieron aquel edén y nos empujaron a una terrible guerra fratricida.

Han insistido tanto, tanto, que hasta mis hijos se lo están creyendo. Pero, mira por donde, un insólito personaje, Pío Moa, comunista activo hasta el punto de ser miembro del GRAPO, se ha dedicado a consultar documentos, hemerotecas y testimonios, y está sacando a relucir hechos concretos que demuestran la realidad histórica dejando con el culo al aire las mentiras al uso y a sus mentirosos. Pero, además, a él, como es comunista con curriculum, se lo publican.

Después de su entrevista en TV con Carlos Dávila el pasado 19 de febrero, se han escuchado en los medios de comunicación las conocidas voces del pensamiento único que lo ponían a caldo. Pero al que suscribe, habituado a soportar la machacona cantinela de omitir, o falsear, o inventar, o tergiversar cualquier tema que entrañe algo relativo a los tiempos pasados, le sorprendió, sí, pero muy gratamente.

Aclara Moa, sin lugar a la menor duda, que en el tristemente célebre bombardeo de Guernica murieron 120 personas, y no 1.300, como han afirmado los más comedidos, ni 3.000, como llegaron a asegurar los más mendaces.

Fue para mi una auténtica gozada cuando escuché por la tele a Pío Moa afirmar que la República, realmente, se acabó el 16 de febrero de 1936, cuando el Frente Popular ganó las elecciones generales. Y su comentario, a raíz de ello, respecto a la forma en que tildaban de «botarates» a los moderados republicanos.

A ello me cumple añadir que en muchos casos a los botarates les consideraron enemigos de la «Dictadura del Proletariado» y los quitaron de en medio; como hicieron con Manuel Rico Avello y con Melquiades Álvarez; ambos conspicuos líderes republicanos, que cayeron en la Cárcel Modelo de Madrid, junto a Julio Ruiz de Alda y Fernando Primo de Rivera, en agosto de 1936.

No estoy, en cambio, en absoluto de acuerdo cuando puntualiza que el número de fusilados en ambas retaguardias fue muy similar.

Sin conocer las cifras, porque, que yo sepa, no se han publicado; pero usando simplemente el sentido común, cae de su peso que los caídos en Madrid, sólo entre Paracuellos, las tapias del Cementerio del Este, la Cuesta de la Vega, La Pradera de San Isidro... etc., más los miles de fusilados en la Playa del Saler de Valencia, más los miles de monárquicos y terratenientes que mataron en cientos de pueblos castellanos, andaluces, y murcianos, más los fusilados en Barcelona, y en Gerona, y en Santander, no admiten una comparación razonable; e inducen a rechazar tal afirmación.

Es doloroso e injusto que una y otra vez así lo afirmen, creando confusión en toda la gente joven y menos joven. Y sería muy deseable que los buenos historiadores cuantificaran estas muertes con cierto rigor, y publicaran su justa realidad.

Pero lo más relevante de su entrevista fue cuando Moa se atrevió a plantear ante las cámaras que los verdaderos responsables de la Guerra Civil fueron Largo Caballero y Alcalá Zamora. (¡Oh! Pero que dice este insensato. Habrán exclamado los del «pensamiento único»).

El tema es de lo más interesante y complejo, y yo también me voy a atrever a expresar mi versión.

La cosa viene de muy atrás. Las injusticias sociales en los trabajadores del campo, con jornadas de diez, once y hasta doce horas, ya desde 1875, exigían salir de la oscuridad en que se encontraban durante siglos. De una población activa de siete millones de trabajadores, tan sólo 900.000 eran industriales. Aquella era una España agraria y rural en la que las consignas de los sindicatos marxistas cayeron como semillas en terreno abonado. Y los trabajadores, entonces, se organizaron y, en consecuencia, comenzaron los enfrentamientos.

Ya José Antonio, en su discurso fundacional, defendía al socialismo «como una reacción legítima contra el caciquismo liberal», aunque repudiara la lucha de clases.

La República del 14 de abril de 1931 pudo ser la oportunidad idónea para intentar ese deseado equilibrio entre los hombres y entre las tierras de España, y así parecía cuando Manuel Azaña, intelectual frío e inteligente, declaró, rebosando buena fe, que se afanaría para conseguir «Un Marco de Convivencia para una España obviamente escindida». Pero, ¿cómo habían de instrumentar ese deseable Marco de Convivencia? Pues sólo por medio de la Constitución pendiente. Y es entonces, al redactar la Constitución, cuando falla el sistema. Los nuevos republicanos se reúnen prescindiendo de la necesaria representación de la España tradicional y católica que había supuesto más de la mitad de los votos en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. O sea: La Constitución Republicana de julio de 1931 se aprobó sin consenso.

El principal responsable de esa cojera representativa no cabe duda de que era Alcalá Zamora, presidente de la República. Pero fue Manuel Azaña, presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, el que decretó inmediatamente la expulsión de los jesuitas. Aquello fue un duro golpe a la Iglesia. Una contradicción en cuanto a las libertades y a la convivencia que tanto habían pregonado. Y un ultraje para los miles de padres católicos cuyos hijos se formaban en sus aulas.

Después llegaron otros decretos; como el que ordenaba retirar los crucifijos de las escuelas y un largo etc., que colocaban a Azaña, claramente, como enemigo de la España tradicional y de la Iglesia Católica. Y es aquel sentimiento anticatólico, unido al paro obrero y al hambre que afecta a las clases más adictas a la República, lo que provoca una decepción generalizada, que rápidamente aprovechan los partidos y los sindicatos marxistas.

A Largo Caballero, el Lenin Español, siempre le pareció que sólo mediante la confrontación violenta se conseguiría implantar la República Libertaria que deseaban los trabajadores, y conforme a ese criterio, largamente expuesto, se comportó abiertamente en todas y cada una de sus actuaciones, conducta que recogen, unánimemente, la mayoría de los historiadores.

Son por tanto, a juicio del que suscribe, esos dos personajes: Azaña y Largo Caballero, los que traicionaron la convivencia republicana y provocaron los graves enfrentamientos que acabaron en la Guerra Civil.

Hoy, Pío Moa, a través de sus libros y entrevistas, está realizando un servicio a la Verdad, de la que tan escasos estamos. Por lo que, olvidándome de su pasado y en nombre de ella; o sea de la Verdad, me es grato enviarle mi felicitación expresa.

Pienso que fue Azaña, más que Alcalá Zamora, el principal redactor de la Constitución, no consensuada, de julio de 1931, de la que surgieron los decretos de expulsión de los Jesuitas;  la retirada de los crucifijos de las escuelas, y las limitaciones a los colegios religiosos. Fue así como Azaña se enfrentó con un altísimo número de católicos españoles, casi todos tradicionalistas y votantes de la CEDA y, a partir de ahí, es cuando se comenzaron a perfilar, cada vez más claramente, las dos Españas irreconciliables.

Manuel Azaña, quizá de buena fe, quiso llenar de contenido su frase máxima: «Conseguir un marco de convivencia para una España obviamente escindida», y al acobardarse ante las bravatas de los libertarios, dejó los ánimos dispuestos para un enfrentamiento, lo que a Largo Caballero, el Lenin Español, le pareció siempre el mejor  camino posible para conseguir sus objetivos.

En cambio, la CEDA, conservadores, moderados, sin apoyo ideológico, llevaban las de perder. El marxismo, dominante en casi toda Europa, resultaba potencialmente triunfador.

Fueron por tanto a mi juicio, Azaña -y no Alcalá Zamora- y Largo Caballero los más directos responsables del conflicto, ante una derecha acobardada que, aún con las elecciones ganadas, no supo, o no pudo, imponerse.

 


 

LA CONDENA DEL 36

ABC de 16 de febrero de 2001 

Por   Jaime Campmany

‘Otra estratagema de Arzallus. Ahora, ni los unos están en el alzamiento del 36 ni los otros están en la revolución del 34. Aquí, los únicos dinamiteros que quedan son los que mueven el árbol para que Arzallus recoja las nueces’

Javier Arzallus ha subido al desván de la Historia y ha bajado con una condena al alzamiento militar de 1936.. De aquello hace más de dos tercios de siglo, a buenas horas, mangas verdes, y además es imposible considerarlo desde cualquier punto de vista (militar, político, social o religioso, en definitiva, histórico) como un hecho aislado, llegamos hasta la estratagema de Galba y la muerte de Viriato.

Hala, venid y vamos todos a condenar el alzamiento militar del 36. ¡Toma, y a la revolución de Asturias del 34, y la quema de conventos, y la represión de Casas Viejas, ni heridos ni prisioneros, tiros en la barriga, y el asesinato de Calvo-Sotelo, y el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera, y luego el de Companys y muchos más, y los ‘paseos’, y la Brigada del Amanecer, y el crimen de García Lorca, y el de Maeztu, y el de Muñoz Seca, y el de Víctor Pradera, padre e hijo, y la persecución religiosa, curas y frailes a miles, prelados a docenas, quema de iglesias, ahí está el libro de Antonio Montero, inencontrable hoy, mejor olvidar aquello, el martirologio cordobés de Abderrahman fue como un aperitivo, fusilaron incluso al Corazón de Jesús, que no se movía, y la masacre de Paracuellos, y la matanza de marinos en Cartagena, al mar, al mar, cada marino con su piedra al cuello, y el horror de la plaza de toros de Badajoz, y el bombardeo de la Legión Condor, y los tanques rusos aplastando España, y las ciudades tomadas a saco, y la lavativa de cemento, y el Batallón Garibaldi, y las Brigadas Internacionales, y el ‘cinturón de hierro de Bilbao’ por un lado, y la IV de Navarra por otro, y la checa de Fomento, y otras, y la orgía, coño, lo que se sabe!

Y ya con el anatema en la mano, vamos a condenar también la dictadura y la dictablanda, y la bomba de Mateo Morral, y la guerra de África con sus soldados de cuota y su ‘Expediente Picasso’, y los asesinatos de Canovas, de Sagasta y de Eduardo Dato, y el de Prim, en la calle del Turco le mataron a Prim, metidito en su coche con la Guardia Civil, y el caballo de Pavía irrumpiendo en el Congreso mientras sus señorías se arrojaban por las ventanas, y el tricornio de Tejero y el ‘Elefante Blanco’, que caen más cerca, y el rayadillo acribillado de la guerra de Cuba, y los últimos de Filipinas, y las guerras carlistas, Zumalacárregui con la boinaza, y la campana de Huesca, las cabezas como Badajoz, y Alfonso III el Magno, que le sacó los ojos a sus cuatro hermanos, y el traidor de Oppas, y el conde don Julián, y la carbonada de Bellido Dolfos, y de paso, como el que no quiere la cosa, ánimo señor Arzallus, vamos a condenar los crímenes etarras que nos vienen diezmando sin ton ni son, sólo porque hay algunos vascos que quieren estar siempre tirando peñascos desde Roncesvalles, ese entretenimiento.

Porque ahí está la madre del cordero. Vamos a condenar el alzamiento del 36, y a ‘Islero’ que mató a Manolete, y a Caín que mató a su hermano con la quijada de burro, y nos olvidamos de condenar a la ETA, que es lo que hoy, y ayer, y mañana, está matando aquí, sin sentido y sin descanso. De aquello, de lo del 36, todos somos hijos, porque todos nuestros padres estaban en aquellas trincheras, a un lado o al otro, y no vale seguir insultándonos desde un nuevo Altavoz del Frente. El padre de Arzallus, por cierto, estaba con la boina y el detente. Pero ahora, ni los unos están en el alzamiento del 36 ni los otros están en la revolución del 34. Aquí, los únicos dinamiteros que quedan son los que mueven el árbol para que Arzallus recoja las nueces. El 36 es cosa del desván, y la ETA es un asunto de tanatorio.


 

 

Gentes Mártires

ALFA OMEGA nº 336

9 de enero de 2003

 

Por Javier  Paredes

 

Dieciocho de julio de 1936, comienza la guerra civil española y se desata la persecución religiosa. Ahora sí que se va a producir de verdad el martirio de las personas. Madrid es el peor sitio de España para creer en Dios. Los milicianos han detenido a unas treinta personas porque huelen a cera. Les han sorprendido en una iglesia rezando el Rosario y les encierran hasta decidir su castigo.

 

Por fin a uno de ellos se le ocurre una pena que todos aprueban. Suben a sus prisioneros en un camión y atraviesan el parque del Retiro, justo por donde el Ayuntamiento de Madrid, desde hace tiempo, ha erigido un monumento en honor a Satanás, que todavía, al día de hoy, no se ha atrevido a quitar ningún alcalde. Y llegan al zoológico que, en esos tiempos, se llama la Casa de Fieras. Los osos y los leones están hambrientos, porque desde que estalló la guerra no hay comida ni para las personas. Para saciarles, arrojan los prisioneros a las fieras. A unos cuantos les acortan el tormento, porque les revientan la cabeza a balazos antes de que se los coman las bestias. De la persecución religiosa de estos años...

 Datos: 13 obispos asesinados, además de uno de cada siete sacerdotes y uno de cada cinco religiosos; en total fueron martirizados 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes, y 283 monjas, a lo que hay que añadir un número de laicos imposible de calcular. Para los católicos españoles parece el fin; para sus perseguidores ni siquiera lo parece, están convencidos de que lo es. El 5 de marzo de 1937, el Secretario General del partido comunista, José Díaz, afirma lo siguiente: «En las provincias en que dominamos, la Iglesia ya no existe. España ha sobrepasado en mucho la obra de los soviets, porque la Iglesia, en España, está hoy aniquilada».

 

 Y Madrid está controlada por los comunistas. En la ciudad todos son sospechosos, si no tienen algún carnet de los de su bando, si no demuestran que son de los suyos. Se pide la documentación por las calles y ningún escondite es seguro, porque es la hora del odio y de la venganza que practican los delatores.

 La anarquía se ha apoderado de una sociedad descompuesta y los más sanguinarios se convierten en jueces. Se puede registrar cualquier casa particular sin necesidad de una orden judicial; para que abran, es suficiente con utilizar la culata del fusil como picaporte. Pero ninguno de estos hechos tendrá una condena parlamentaria.

 Aunque la Historia grite, ellos callarán, porque desde hace un tiempo, de algunos temas, ya no hablan. Pero tampoco les hace falta su condena, porque quienes mueren perdonando no necesitan la condena de ningún Parlamento para justificarse ante la Historia.


 Otra forma de revancha...

FUERZA NUEVA Nº 1275

Por Ángel Ruíz Ayúcar

La memoria hemipléjica

 En la crónica anterior denunciaba el empeño de los rojos en ganar, por la propaganda, la guerra que perdieron por las armas. Magro consuelo. No merecía la pena ocuparse del tema, si no fuera porque, con el griterío de unos y el silencio de otros, se está realizando la más burda falsificación de un periodo de la Historia de España, junto a la cual la Leyenda Negra se convierte en historieta de tebeo. La insistencia en crear memoria hemipléjica, que sólo atienda a los rencores de un lado, nos obliga a recrearla toda entera.

El último intento, por ahora, de manipular la historia de la guerra y sus consecuencias, ha sido el análisis, "desde distintas perspectivas", que El País ha publicado de la resolución aprobada por todos los grupos parlamentarios, el 20 de noviembre, en el 27 aniversario de la muerte de Franco, en la que se condena "el uso de la violencia para imponer convicciones políticas" y se reafirma "el reconocimiento moral de las víctimas de la guerra civil". De una condena tan amplia y genérica poco habría que decir, si no fuera porque, a continuación, se pide el reconocimiento moral "de cuantos padecieron la represión de la dictadura franquista", lo que apunta claramente adónde se dirigen los tiros, sobre todo cuando no hay ninguna alusión a "cuantos padecieron la represión de la dictadura marxista", en la que fue zona roja.
Las diferentes perspectivas que dice publicar el periódico son, en primer lugar, un artículo, con foto -dice- de unos pobres niños expatriados a Francia por los rojos, firmado por un tal Emilio Silva, que, según se indica, es "presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica". Dado el cargo que ocupa, vamos a ayudarle a recuperarla.

Dice el referido señor que si no seguimos el proceso de países como Alemania y Francia, en la revisión del pasado "relacionado con el fascismo", seguiremos sufriendo los efectos que causó directamente la dictadura. El planteamiento resulta orientativo. Alaba la intervención en Francia y Alemania de la revisión del pasado relacionado con el fascismo, pero ni una palabra del relacionado con el comunismo, a pesar de que media Alemania quedó esclavizada de Moscú y sirvió de escenario al muro de la vergüenza, derribado en 1988 por la ira de los propios alemanes esclavizados. Tampoco estaría de más hablar de la represión sufrida por los franceses llamados "colaboracionistas", sobre la que se han publicado estudios estremecedores, a los que el señor Silva puede tener acceso. Pero ese lado de la cuestión parece que a él no le interesa. Su planteamiento es tan simple como simplista: fascismo malo, comunismo bueno. Al menos, a la actuación de los comunistas en España (¿ha oído hablar de Paracuellos?) no le dedica atención alguna.

Habla luego de uno de los temas recurrentes de la campaña antifranquista puesta de moda: la exhumación de los cadáveres de algunos fusilados en zona nacional durante la guerra. Y asegura que ciertos habitantes de la región no hablan del tema por miedo a que "en algún momento puedan aparecer por allí de nuevo los falangistas". Dice que hay españoles que siguen teniendo miedo, pero no se refiere a los que viven bajo el terror de ETA y tienen que ir con escolta, sino a los que sufrieron la muerte de familiares en zona nacional, pero con el olvido de los que la sufrieron en zona roja. Si nos ponemos a desenterrar muertos, es posible que el señor Silva perdiera todo interés por recuperar la memoria.

Pues eso, que se estudie la Historia

Como cuando dice que miles de españoles, simpatizantes del bando nacional, participaron o aplaudieron las violaciones de los derechos humanos después de la guerra civil. ¿Y cuántos participaron en hechos parecidos, en la zona roja, o los aplaudieron? Con una diferencia importante: los encarcelados o ejecutados por los crímenes cometidos en zona roja, no lo hubieran sido si no hubieran asesinado antes. ¿Quiere pensar, por un momento, cuál hubiera sido la represión, si hubieran ganado los rojos? Eso a él no le importa. Él, a lo suyo. Se lamenta de que los jóvenes no hayan estudiado "ni la Segunda República, ni la guerra civil, ni la dictadura franquista". Pues de acuerdo, que se estudie. La República con su quema de conventos; con la represión de Casas Viejas; con la revolución de Asturias contra el Gobierno legítimo porque habían perdido las elecciones; con la bolchevización de la zona roja, la represión, la anarquía y el hambre que los llevó a  mandar a los niños al exilio, mientras en zona nacional dimos de comer a los nuestros. ¡Venga, a contarlo todo y no sólo la mitad, además adulterada!

En cuanto a la otra "perspectiva" del tema que presenta El País, la firma un diputado del PP, llamado Manuel Atienza. Una perspectiva "correctamente política", que se puede reducir a un "tós somos buenos" y vamos a olvidar, con una alusión cariñosa a "la oposición democrática al franquismo". Si alguien quiere creer que con estos artículos se ha dado voz a las dos partes en litigio, es que considera a los lectores tontos de baba.


Vergonzante acuerdo en el Congreso de los Diputados... 

Fuerza Nueva nº 1275

Por Miguel Jiménez Marrero

Olvidaron la horrible represión marxista-comunista del Frente Popular

El 20 de noviembre de 2002 fue otro día que produce vergüenza ajena. El Congreso de los Diputados acordaba por unanimidad condenar el Régimen presidido por el Generalísimo Franco, añadiendo el infumable Alfonso Guerra que no se podía olvidar la represión franquista ni a los exiliados republicanos.
La noticia, una vez más, dejó atónitos a los españoles decentes que aún viven y que no olvidan. Lo primero que causó este asombro fue que, esta vez, el Partido Popular se sumara a la infamia, a la trampa que el marxismo-comunismo y separatistas le habían tendido, y lo segundo, que el partido del que es nada menos que presidente de honor Manuel Fraga y en que militan buen número de quienes, en su día, sirvieron leal y eficazmente al Régimen anterior, entre ellos, ministros, subsecretarios, directores generales, gobernadores, etc... incluso el abuelo y el padre del propio presidente del actual Gobierno, con los cuales tuvimos cierta amistad en su momento, desempeñaron con eficacia y lealtad altos cargos durante el franquismo, se sumara a ésta. Flaco servicio a gran parte de la sociedad española.

¿Qué es lo que ha hecho esta falsa democracia inorgánica, además de prostituir a gran parte de los medios de comunicación y de implantarnos la televisión basura; de convertir en moneda corriente la general y galopante corrupción a todos los niveles de la sociedad, especialmente entre los políticos; de la degeneración moral de gran parte de la sociedad, especialmente entre la juventud, que ha "fabricado", insistimos, esta partitocracia -que no democracia- que no gobierna? ¿Es que a los señores diputados marxistas y sus mariachis se les ha secado el cerebro, y no recuerdan la situación de extrema miseria en que se encontraban los trabajadores antes del 18